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lunes, 2 de noviembre de 2015

La honestidad de los que se van.

Solíamos decir que las puertas estaban abiertas,
que las miradas frenaban,
que las llamadas tiraban de algo
que las palabras quitaban el sueño,
que hacían herida,
que era difícil curarlas.
solíamos empezar mayúsculamente
por algo pequeño y
convertirlo
en algo de inmensas proporciones
para después poder decirle
a toda esa gente
que ganamos.
hemos ganado.
hemos ganado
perdiendo.
hemos ganado
perdiendo
perdedores.

hemos ganado mareas
y no nos ahogamos.

hemos ganado pulsos
al corazón.


ahora ellos están
ahí, abajo,
ardiendo.
contemplándonos
con recelo,
con envidia,
cómo estamos todavía
más calientes que ellos
sin tener que arder
en el infierno.

viernes, 16 de octubre de 2015

Corremos.

Corremos atravesando vecinas tormentas, ignorando a quien crea relámpagos, a quien sólo cae como la lluvia, a quien sólo se evapora como el agua, y acaba siendo vapor, en forma de sudor en la cara de alguien. Mientras, nuestra juventud envejece, madura, se vuelve azul, se pone el sol, se quita el vestido y se maquilla.
Los fuertes golpes no quieren decir nada, sólo nos miramos al espejo para dedicarnos tiempo muerto. La estética está en nosotros mismos, no en los museos, no en los cines, no en las galerías de arte, no en los objetos que compramos. La estética es un atardecer todavía sin contemplar, virgen de miradas, preparado para sorprender a las cámaras. La playa es la alfombra roja y no estáis invitados.
Nadie me ha enseñado a sonreír, pero sí a hablar, sí a defenderme con palabras, sí a despedirme, a saludar. Tampoco nadie me ha enseñado a separarme de lo que entristece y se marchita con su propio paso del tiempo, pero sé hacerlo.
Corremos, somos jóvenes. Aún nos queda mucha estética que enseñarle al mundo, pero nada más. Podremos contarle cosas, pero nada más. Podremos decir adiós a gente que sólo rellena nuestra finito mundo de infinitas equivocaciones. Y corremos.

Corremos, sí. Y ya, los dos somos jóvenes. Pero yo algún día no lo seré y tú te quedarás en esta playa, ahogándote, pidiendo auxilio, nadando con arrugas en la piel. Y yo, bueno, yo te estaré viendo desde algún otro sitio. No disfrutando tu muerte, pero sí contemplándola con calma y lástima por no haber sabido nunca nadar con la corriente.

Hay un sitio al que no quiero llevarte.

Y es a salvo.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Que nos destrocen las ganas.
Que hagan trozos de nosotros,
¡vaya ganas!
Tú ganas,
siempre hay ganas.



viernes, 21 de agosto de 2015

La oscuridad.

Fuerzas que se escapan por los ojos y cuatro paredes que sostienen lo insostenible en un cielo que sigue haciendo pasar las nubes, un sol que sigue saliendo y escondiéndose. Fumo un cigarro mientras intento sostener lo que nadie más sostiene. Ante la inmensidad de lo diminuto se sobrepone lo diminuto de lo inmenso. Lo efímero se vuelve eterno esperándote. Aquí no hay por lo que sonreír. Son sólo excusas injustificadas para provocar pseudofelicidad que trastorna, que degenera en la depresión grotesca de la vida.
Si alguien se muere, no se va a parar el mundo, por muy importante que seas. Dios no escucha. Dios no madruga. Dios no ayuda. Dios no hace milagros. Dios no se apiada. Dios no existe. El arte no existe. El arte es circo.  El circo somos todos nosotros forzándonos a reír bajo una carpa que no nos deja ver la luz del Sol. El pan es sacrificio. Y el sacrificio es renunciar al circo. Renunciar al circo es no sonreír, aunque sea falsamente. No sonreír es no tener circo, pero pan. Renunciar a sonreír o a comer. 
Renunciar al pan o al circo.

Bebo, fumo, follo y, a veces, me drogo y dejo todo eso para otro momento.

lunes, 10 de agosto de 2015

Madrid tiene el cielo más bonito del mundo.

Es de noche.

Te echo de menos y hace exactamente siete horas y veintiséis minutos que no te veo ahora que estoy escribiendo esto. Ahora un minuto más porque me ha costado escribirlo. Son las 2:17 y qué hago. Estoy en una habitación pequeña en un sitio cualquiera de Madrid fumándome un cigarro e intentando conciliar el sueño que se me ha quitado después de las horas de viaje.
Cuando estaba en el coche, y veía el paisaje pasar, sucederse, en alguno de esos momentos efímeros he escrito en Twitter: ''si mi yo del pasado me conociese ahora, me diría que estoy loco''. 

Ha sido justo después de la parada para fumar. Estaba solo, en alguna gasolinera recóndita de Burgos donde solo había oscuridad y camiones parados y he pensado: ''¡Joder, Juanpe!, ¿qué coño haces aquí un lunes a las diez de la noche? Te has pegado casi diez horas de viaje en menos de tres días.''
La respuesta la sabía antes de formular la pregunta. Y, justo después de poner ese tuit, he pensado que de verdad a veces creo que estoy loco, que me estoy volviendo loco. Por si alguien no sabía cuál era la respuesta, era ''por amor''. No al arte, al amor. Luego he escrito: Mi yo de antes me diría que no se cree las cosas que hago por amor.

Últimamente, no paro de pensar en finales, porque llegan, algún día llegan, todas las paredes tienen grietas, por microscópicas que sean. O, tal vez, sea por eso que leí de ''si conoces al amor de tu vida con veinte años, huye'' o, quizás, sea esa conducta masoquista y suicida en mi lado sentimental que me hace ser caótico y catastrófico. Pero siempre llega el sabor agridulce. 

Os juro que, si ahora hablo de amor, lo hago desde la experiencia, desde la realidad lúcida y lúdica del amor. Y os juro que lo que más odio del amor es que exista de verdad.

Pero si hay algo que amo y que odio a la vez con todas mis fuerzas a partes iguales sobre este sentimiento es el no saber si la reciprocidad es real o al menos del mismo tamaño. Quiero decir:

Si te quiero de esta forma, de una forma tan especial, tan extraordinariamente inhumana, tan fuera de lo común en lo que siento o he sentido. Si, de verdad, te juro, ahora mismo, que esto no lo voy a sentir por nadie más... Que este sentimiento es para ti, sólo para ti.

¿Cómo podría yo saber que de la misma forma yo lo soy para ti?

Y, es que, por mucho que me esfuerce, que te esfuerces, que nos esforcemos; no la hay.

Lo que más amo y odio con todas mis fuerzas iguales es justamente eso.

No saber con certeza si el sentimiento es mutuamente del mismo tamaño, más pequeño o más grande.
Eso es lo que odio.

Pero luego, tener la confianza suficiente como para saber que es así, que es el mismo. Que lo especial que eres para mí, lo soy para ti.
Tener la confianza en que te he marcado como una herida, como una canción, como una película de Xavier Dolan, como alguien que no para de acordarse de alguien.
Eso es lo que amo.

Y a ti, por supuesto.

De eso es lo que más tengo certeza ahora.

y  de que creo en ti por encima de mis posibilidades.

sábado, 13 de junio de 2015

Diario sobre tus costumbres.

La tristeza no es necesaria para escribir sobre cosas tristes, ni es necesario estar roto para hablar sobre roturas y grietas, y tampoco nos tenemos que dejar llevar por el estremecimiento de las leyes naturales por mucho que seamos tempestades. He visto palabras arruinando más vidas que huracanes. Y le he visto destrozar horas fumando. Y la desgracia que es ver pasar el tiempo cuando no estás a su lado, cuando comprendes que la risa es solo un complemento, directo, al corazón. Y cuando te recorre con las manos y te hace perder de vista la cuenta atrás y margina el reloj, y se desviste como una fiera y te atraviesa como una espada. Y su risa es un puñal y sus manos otro arma blanca y cuando hace llover hacia arriba en la ducha. Y cuando miente sobre su estado de ánimo y te anima simplemente estando, siendo. Y cuando te mira y no sabes qué hacer ni qué decir. Y cuando calla, todo el mundo ha dejado de hablar y escucha música, y quiere vivir dentro de una película que no consigue rodar. Y se enloquece cuando le contradices y se contradice cuando enloquezco y me retuerce sin tocarme. Y le sueño cuando me despierto, y creo en él por encima de Dios, y aborrece la religión y le dan miedo los fantasmas  y no comprende cuando las palabras sólo son palabras y no se han pensado, pero hace ver que tiene algo dentro a punto de estallar, una enorme fiera capaz de  devorarse a sí misma que vive en la ciudad. A 10 minutos de mi casa. Y no quiero estropearlo hablando de ello. Estoy callado. No estoy diciendo nada. Esto son sólo palabras. Nadie va a entenderlo, compréndelo. Hay genialidades maravillosamente desperdiciadas. Menos mal que te estoy aprovechando.

martes, 19 de mayo de 2015

La vida es feliz y triste.

Creo que ahora mismo no tengo nada que decirle al mundo después de haberte visto bailar en mis manos, de haberte visto reír a carcajadas y de haberte visto hacerme olvidar el mundo cuando follábamos. Es difícil que alguien te haga estar continuamente en ese casi mortal momento justo antes de correrse. No hay manera de escaparse del deshielo cuando me tocas. Hay un secreto en tus ojos que nadie entiende y tienes el punto débil de querer demasiado. Demasiado deprisa. De todas formas, no podría contar nuestra historia sin hablar de pecados, de canciones, de flores, de atracciones a las que nunca me subiría y de fantasmas. No podría explicarle a nadie cómo ríes cuando fumas y cómo lloras cuando menos lo espera el mundo. Madrid tiene el cielo más bonito del mundo y tú la forma más bonita de verlo, aunque sea lo único que te guste de esta acelerada ciudad. Le doy al pause. Rebobino. Apareces como un objetivo y has acabado siendo mi causa y mi fin. Solo quiero tus consecuencias. Aquí dentro solo hay una guerra entre lo que he sido y lo que seré. De todas formas, si alguna vez le hablase a alguien de ti, le contaría esa forma que tienes de dejarme el lado bueno de la cama, o como me agarras la pierna cuando viajamos en mi coche o todas las películas que no hemos visto. Tal vez les intentaría contar tu extraña visión del mundo, pero no lo entenderían. Les contaría que alguna vez dejamos de lado todas las puertas que habíamos abierto solos y que ahora me enseñas a abrir pomos que ni siquiera había visto. Que algunos de ellos conducen a algo, puede que sea algo feliz o triste.
Pero así es la vida, feliz y triste.