Seguidores

Vistas de página en total

jueves, 3 de enero de 2013

Un propósito imposible.

Este año me he prometido olvidarte.

No sé ni siquiera cuántos cigarros me costará hacerlo. Ni cuántas copas de más. No sé cuántas veces tendré que pensar en ti y en tus mil formas distintas de sonreír.

Este año me he prometido olvidarte.

Olvidar tus maneras, tus ojos, tu letra al escribirme las cartas. Olvidar todo lo que me has dicho. Todo lo que nos dijimos. Olvidar tus promesas y tus manías (a las que estaba enganchado desde el primer día).¡

Este año me he prometido olvidarte.

Y yo soy un chico de palabra. Este es mi propósito para el año nuevo. Y creo que es suficiente. Creo que tengo suficiente con dejar atrás mi vida y empezar a escribir en otro libro en el que no aparezcas ni como personaje secundario. 
Te dije que eras mi heroína, y eso implica ser la protagonista y no la antagonista de esta historia sin final. 
Así que perdona si le pongo punto y final a esto y sustituyo tus puntos suspensivos. Pero es que nunca me gustaron las historias en las que no se sabe qué le pasará. Y yo necesito a alguien que me salve, que no me falte ni me falle. Alguien que sepa cómo encontrarme dónde yo mismo estoy perdido. Alguien que me mire y yo sepa que soy su preferido en el mundo.

Así que perdóname si te olvido.
Este año me he prometido olvidarte.
Este año me he prometido olvidarme.
Este año me he prometido olvidarnos.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Lo que quieras, menos un final como Romeo y Julieta.

¿Sabes cuál es esa sensación de besar de puntillas?

¿Sabes cuál es esa sensación de querer tanto que los dedos se te pongan en tensión?
¿Sabes cuál es esa sensación de que alguien sea tan necesario que hasta te dé vergüenza?

Ella siempre me responde lo mismo: <<Claro que lo sé, cada vez que te miro, te beso, te toco. Cada vez que me subo encima de ti y noto ese vértigo del amor. Cada vez que me miras y no me acuerdo ni de cómo me llamo. Claro que lo sé, cariño.>>

Yo siempre le digo que no me entiende, que la sensación es siempre la misma, pero distinta. Es esa sensación que todo el mundo conoce y que todo el mundo ha intentado describir, pero que nadie lo ha logrado. Que Neruda o Salinas se intentaron acercar, pero que tampoco lo han conseguido. Esa sensación que nos intentan enseñar las películas. Eso que todos sienten. Joder, ¿cómo se llamaba? ¿cómo te llamaba a ti?

<<Amor. Así me llamas.>>

Eso. Exactamente eso. Es amor. Pero solo lo entiendo si le llamo a ella. Porque si no no tiene sentido. Dios,¿y qué tiene sentido sin ella? 

Sin ella, mis cicatrices no tendrían nombre. 
Y yo no tendría a quien echar de menos.

<<SIN TI NADA>>

Sin ti, solo un final con palabras de Sabina y con sabor a Romeo y Julieta:

<<Y morirme contigo si te matas
Y matarme contigo si te mueres.>>



Quédate una noche más. He preparado cena para dos.

—He preparado cena para dos. Quédate, venga.
—Me tengo que ir. A mi cama le jode que no te llore cada noche.



—Hace frío. No aguantarás el invierno hasta tu casa.


—Lo llevo aguantando ya demasiado. Me he acostumbrado a estar sin ti. Al frío sin ti.



—Una noche. Prometo abrazarte. Prometo que no pasarás frío.



—El problema es que esta noche puede que no pase frío, por tus brazos. Pero estoy segura de que mañana no estarán ya por la noche y entonces será vuelta a mi rutina, a mi ruina. Vuelta al diciembre solo con la almohada. Volverá a ser lo mismo, ¡joder! ¿Es que no entiendes que no te quiero solo para el calor de una noche? Hace frío sin ti— coge un cigarrillo y se lo enciende con la vela que había en el centro de la mesa.



—Es que yo no puedo estar seguro de quererte en mi cama todas las noches que me quedan.



—Justo es eso lo que quería decirte: yo necesito a alguien que esté seguro de querer abrazarme por las noches, porque necesite de mi piel y de mi respiración. Y que solo necesite de mi piel. Alguien que no me prometa el cielo si no sabe bajármelo. Alguien que me escriba notas por las mañanas con el mismo pero distinto te quiero en la posdata. Alguien que me prepare cenas como las de esta noche, pero que no sea para llevarme a la cama a follar, sino para llevarme a la cama a hacer el amor. Alguien que lea en mis ojos qué cojones me pasa, o si tengo frío. Alguien que me entienda incluso mejor que yo. Alguien que me prometa, y que cumpla. Alguien simple, joder. ¡No pido tanto! ¡Solo alguien que me quiera, y que se le vea en la forma en la que me mira! Y a ti eso no se te ve en los ojos. Y, hazme caso, que es lo más jodido en el mundo ver que no me miras igual que yo te miro. Por lo menos, espero que llegue algún día la tía que tenga los ovarios de ponerte los huevos en la garganta cada vez que se pasea por tu lado, la tía que te produzca insomnio por las noches. Esa tía que tendrá tu vida sobre sus manos. Justo entonces, te sentirás la persona más débil y vulnerable del mundo. Porque justo entonces le habrás dado a alguien la posibilidad de destruirte por completo. Justo entonces, me entenderás.—recoge su bolso y se pone el abrigo. Y antes de salir por la puerta que da a la calle, grita: ¿Sabes? Al final acabas acostumbrándote al frío.—después cierra la puerta para siempre.

lunes, 26 de noviembre de 2012

EL VÉRTIGO DE SUBIRSE A TUS PUPILAS.

Ya ni siquiera esperaba esperar que alguien me esperara. 

Pero yo... te esperaba a ti.

Esperaba por lo menos una sonrisa al despertar.
Porque al despertar lo único que necesitaba era tu luz.

Y al Sol que le jodan.

Esperaba que fueras el lugar donde no me caería.

Y usar tu clavícula como punto de apoyo.



Pero...

'para siempre' no dura tanto como me esperaba.


Y las promesas no son tan fuertes como parecen.

NADA ES LO QUE PARECE.



Esperaba que fueras mi punto de partida. Y el punto final de mi historia.

Esperar. Esperar. Y esperar. Y, al final, nada llega.

Nadie llega para salvarte, para darle un giro de ciento ochenta grados a tu vida.

Esperar para que nadie te espere.

Esperarte. Esperarnos. Y acabar esperándome.

Y acabar pensándote, porque es la única forma de tenerte.

Ni yo me llegaba a imaginar que tendría los cojones a decirte que no, que ya basta. A escribir una de esas cartas de despedida, que tienen de todo menos despedidas, pero que tienen sobre todo, finales con puntos suspensivos.

Espero que entendieras mis 'hasta luego' porque ni yo sé si volveré. Y espero que entiendas mis últimas palabras, las que te tienes que grabar en tus jodidas pupilas por las que mataría.

Acuérdate. Tres palabras.


ÉCHAME DE MENOS.


viernes, 16 de noviembre de 2012

HÁBLAME DE AMOR. HÁBLAME DE TI.

Escribir tu nombre en el cristal de la ducha o donde haga falta tantas veces como sean necesarias.

Y que te sobre solo con una.

Que me han dicho tantas mentiras sobre el amor que ya no sé a quién cojones creerme. Si a los tontos esos que hablan por hablar, o a mí mismo. A mi destrozo interior.

Háblame de amor cuando te hayas dado cuenta que no existe droga más fuerte, ni que nada te puede enganchar más. Háblame de eso cuando sepas que, de las mejores drogas, es la peor. Que te hace volar, y te hace morir. Y matar. Matar por AMOR. MATAR POR DROGA COMO UN YONQUI ENGANCHADO A SU MIERDA.

HÁBLAME DE AMOR CUANDO HAYAS ENTENDIDO QUE DARLO TODO ES POCO.

Cuando mates por un beso, y un beso te mate.

Háblame de amor, y de amar. De amargura, y de amargarse, si quieres.

Háblame. Bésame. Drógame. Ámame. Siénteme. Deshazme. En mil pedazos. En diez mil, en los que haga falta, pero hazlo. 

Que lo siento, porque siempre estuve muy enganchado a ti, a tus sonrisas, a tu gesto de disgusto al despertar, a tu forma de ver la vida, a tus petas a media mañana. A tus maneras.
Enganchado a tu mirada, a tus manos, a tus palabras, a tus notas pegadas en la nevera.

Y no lo puedo evitar.
Esto me puede.
Mi puta marca de heroína.
Tú. Yo. 
Droga y yonqui.

Y si me tengo que morir de algo, que sea de sobredosis de ti.

MORIRNOS DE COLOCÓN DE AMOR.
Porque contra el amor, nada puede.




domingo, 4 de noviembre de 2012

MI HEROÍNA.

Me acuerdo cuando me decía:

Quiero ser tu heroína.


Y yo me acojonaba, porque no sabía si quería ser mi droga, o la chica que me iba a salvar de las mierdas, que me iba  levantar a pulso de cada caída. Pero luego comprendí que se refería a las dos. Yo un toxicómano de sus labios y ella mis rayas (pura droga), esas sobre las que se posaban las letras que escribía cada noche con un cigarrillo en la boca. Esas noches que me daba cuenta de que su sonrisa colocaba más que cualquier basura de un camello.


Y detrás de cada 'sálvame' un 'drógame'.

Y detrás de cada 'tú' un 'yo'. Y, cuando la tenía ahí, rezaba porque no se moviera de ese instante ni una coma. Que nadie se atreviera a poner un puto punto. Porque hay historias que no hablan de finales, pero sí de despedidas. Y toda droga se acaba, todo superhéroe, bueno, superheroína en este caso, termina quitándose la capa. 
Un día, de repente, ocurre. Ocurre que no se acaba el amor, pero te estancas. Y sabes que no todos los viajes se tienen que hacer juntos, que hay locuras que no hablan de un 'nosotros'. Y que eso de que el amor es locura lo llevaba tatuado en los recuerdos y aún me acuerdo de esa nota que me decía:

No me olvides, no te desenganches de mí.
Estaré cerca, por si te vuelves a caer.

Tu heroína.


Y me seguía encantando su letra, aunque hablara de cosas que doliesen más que cualquier puñalada. 
Seguí sus palabras como órdenes y no olvidé esa puta sonrisa que hacía que no me cayera.

Y el cristal de la ducha no se creía todas las veces que escribía tu nombre.

Tu inicial a modo de religión, a modo de razón de vivir.

¿Sabes qué es lo más jodido que existe? Desengancharse de algo que pensabas tener toda la vida.
Así que odio ese momento en el que decidiste irte.
Porque ya nada me calma el mono, las ganas de ti.
Ni siquiera tu foto estropeada que tengo colgada en el techo, para que, por lo menos, todavía sigas siendo lo primero que vea cada amanecer.
Pero es que, cariño, no había nada mejor que verte amanecer.
Y no hay nada peor que ver cada mañana la cama vacía. Sin ver cómo te revuelves, o cómo me pides dos minutos más de sueño o treinta minutos más de sexo, o un 'para siempre' de nosotros.
Y la cama, empieza a hartarse de quedarse vacía cada mañana.
Empieza a hartarse de no oler a ti, a tus quejidos, a tus miradas, a tus cigarros de por la mañana, a tus trampas para que caiga en tus garras. Empieza a hartarse de que no estés tú. Ni yo.

No olvides que no te olvido.


TU YONQUI.

viernes, 19 de octubre de 2012