Seguidores

Vistas de página en total

jueves, 19 de diciembre de 2019

Un cielo d(e)rogado llamado Ramón


La otra vuelta (de la tierra sobre sí misma, es decir, el otro día)
Ramoncito le puso cielo al licor y se tornó süave süave
eran como las 10 de la noche en plan tarde
entonces pues nos empezamos a reír y a mirar súper bien
y Ramo dice
eh, niño
vamos a pillar la motito
y nos vamos de fiesta a los altos barrios
vamos hasta el cruce donde está la estatua
ahí zas vamos derechos q yo conozco un antro
tú trae el licor süave süave allí hay más cielo
cosa que cuando yo iba atrás en la moto
súper agarrado a Ramo que silbaba
áspero pero tierno re re tierno clá 
el viento ni escuchar me dejaba
el vino ni casi hablar me dejaba
así que en una que se sube por una acera 
para evitar los barrios locos
le digo Ramo no silbes, por fa
Ramo canta
q? me dice Ramo
yo digo m’encantas
entonces Ramoncito medio que se quita la chaqueta
con una mano 
y con la otra conduce la moto
¿quiere impresionarme? ¿quiere gustarme?
(yo con las dos me abrazaba a Ramoncito
y me picaba la nariz porque el pelo se le volaba súper bien
y me picaba la nariz por todo el cielo que llevaba ese licor süave süave)
cosa que me pasa la chaqueta y me dice
píllala niño
no soy un niño, Ramo, le digo
eres guapísimo mi niño, me dice
cosa que llegamos y Ramo recolecta unos cielos
son los cielos mágicos 
me dice
los cielos re re cielos
le pone algunos d’esos cielos al licor süave süave y me pone unos en la boca
que a medida que se van disolviendo 
me hacen la locura más guay re re guay d’este mundo globalizado
así que cierro los ojos los abro
y está Ramo desnudo en el baño
cierro los ojos los abro 
está Ramo con la camisa abierta
cierro los ojos los abro
Ramo con la boca gigante
¿me va a comer? ¿soy caperucita roja?
cierro abro 
Ramo bailando
cierro abro 
Ramo subido en la tarima
cierro abro 
Ramo en casa me dice te quiero
cierro abro
un mensaje de Ramo te echo de menos
Ramo baila
cierro 
Ramo y sus rizos
abro 
Ramo me conduce al Edén
cierro uno el otro lo tengo abierto
Ramo me dice ¿por qué guiñas un ojo
estás disfrutando te está subiendo el cielo?
Ramón, le digo
al mundo le gustas
a esa hamburguesa de carne 100% vacuno
le gustas al cielo re re cielo 
a la moto a esta fiesta y al barrio
a toda la ciudad
le he preguntado
le flipas
a dios le gustabas tanto
que se m’apareció y me dijo
bueno invéntate una poesía
—baila, ponte música—
en la que salga Ramoncito
para que todos puedan disfrutar
sin enfermarse la cabeza
el corazón la vida la boca 
que la tienes súper grande
(¿me vas a comer? ¿debería correr?)
así que aquí estoy Ramo
escribiéndote este poema donde
los cielos están en nuestras bocas
creando muros de hormigón armado
que resistirán re re resistirán
hasta que venga un ángel del cielo 
re re cielo y lo desarme celoso receloso
el labio partido ¿quién te partió el labio, Ramo?
aprovecho para preguntar
me dice
es de todas las veces que tomé ese cielo de mi barrio
áspero pero tierno re re tierno yo gano
me digo a mí mismo así medio mentiroso
entonces el cielo re re cielo
que tenía en la boca áspera pero tierna re re tierna!
y que también tenía en el licor süave süave
nos hace reír mucho muchísimo 
y Ramo me abraza me dice niño
este abrazo va a quedar para siempre 
de ahora en adelante cuando no te dé el cielo re re cielo
para cerrar cualquier infierno
lo más grande que te puedes llevar
me dice Ramo
es la amistaz y este abrazo súper fuerte súper de drogados 
(casi ya derogado)
que te dio Ramoncito el chico de rizos
que conociste en internet d’este mundo globalizado 
que te dijo algo de unos cielos y que te enseñó a bailar 
arriba de la moto
arriba del Edén
cierro abro 
Ramo jugando a un videojuego en pelotas
cierro abro 
Ramo es un cielo gigante
súper guapo, súper drogado
(derogado, rogado re re triste
porque éramos re re mortales)
cierro abro
no quiero volver a cerrar
o quiero cerrar
y que esté Ramo
para siempre 
para nuestra pre-época geológica
y ser un dinosaurio pterodactylus y volar
por todos los cielos preexistentes
para la prehistoria
y pintar cielos en las paredes de las cuevas
para el prefuturo 
y hacernos fotos con filtros de cielos
y los viajes
intercelestiales e intertextuales
viajes súper profundos
que puedes hacer para adentro tuyo
como un niño soy un niño, Ramón 
hay un tronco muy viejo, muy mayor
que sale corriendo por la salida de incendios y salta la alarma y pienso que es
de otra época geológica otra época intercelestial 
un dinosaurio madre mía qué cielo es este
Ramón tengo el corazón muy chiquitito re re chiquitito
y tú eres muy grande re re grande, capaz por eso me duele 
capaz por eso estoy celoso receloso re re receloso
por beber por amar por dar la vida
cosa que Ramo toma cielo me mira y me dice
escúchame, niño
el corazón tuyo es el más grande
más grande que un tyrannosaurus rex 
cada uno tiene un mundo entero
adentro del corazón
con todas sus épocas geológicas
intercelestiales intertextuales
un corazón
más grande que dios
(si existiera o existiese)
y más rápido que una moto
se llama verter locura y amor
yo me llamo Ramón y me voy a quedar al lado tuyo
para siempre para que no llores
para que sonrías, niño
cuando tú sonríes a Ramoncito también le pasan cosas
hoy por la mañana te eché un licor süave süave 
y le decía al veneno que vertía de la botella
escucha, ven en olvido, este licor süave süave es para el niño 
que lo amo más que nada
hidrátalo como nunca 
me mira
te tienes que hidratar para ser feliz
somos seres de agua
en la moto m’has dicho que t’encanto
y zas se m’ha puesto la piel de gallina 
(hacinadas en jaulas de áreas más pequeñas
que tu corazón rodeada de excrementos
de ratones más pequeños
que tu corazón)
he dicho el niño es lo más grande
¿soy un niño grande, entonces, Ramón?
cosa que a todo esto yo estaba súper enamorado
cosa que le doy un beso en la boca
cierro abro
Ramón llorando con mi canción favorita
cierro abro
Ramón no me escucha cuando le leo este poema
cierro abro
una galaxia llamada Ramón
cierro abro
viaje intertextual en un cohete llamado poesía
en el que gracias al veneno bendecido
que me echa Ramo
viajo súper despacito tranquilito
re re reposo re re reposo
tras estar alegre, triste re re triste pero re re triste
porque era re re mortal
y el cielo re re cielo
curaba corazones curaba
ráfagas vertiginosas de vientos
tornados huracanes de locura
teníamos ese tipo de conexión súper increíble súper guay 
sin interferencias porque en la discoteca
no había padres ni referencias
había canciones 
había cielos q habíamos recolectado
había cielos en el licor süave süave
había cielos en nuestras bocas
había cielos por todos lados
había un chico de rizos
Ramón, un cielo
Ramoncito, el d’internet d’este mundo globalizado
un gusto buen viaje intercelestial
buen viaje intertextual
bueno yo me quedo aquí
y cierro este cielo porque
la vida es súper extraña
y este poema es extrañísimo:
hay cielos
galaxias en los rizos
y recuerdos
cuidado con tu moto, Ramón










Nota del traductor: pos-soneto poslopedevega: el anterior poema se reescribió utilizando como plantilla una reescritura de un soneto de Lope de Vega

Desmayarse, atreverse, furioso
(pero tierno)
era re re mortal 
pero difunto di: no; di: vivo!
vivo
pero cobarde
pero traidor del bien


re re reposo re re reposo
tras estar alegre, triste re re triste pero re re triste
porque era re re mortal 

celoso receloso re re receloso
por beber d’ese licor süave süave
ven-en-olvido veneno olvidar el rostro

celoso receloso re re receloso
por beber d’ese cielo re re cielo
pero infierno pero cierro

celoso receloso re re receloso
por beber por amar por dar la vida
pero por beber por amor cierro 

(áspero pero tierno)
re re tierno!

martes, 3 de enero de 2017

La mecedora

Desde
el caos: una ventana
que se precipita 
a la ansiedad 
por la calma.
Después de más
de quinientos días
la euforia, ya 
sucumbida,
a media luz,
nuestro faro, guía
entre aguas 
templadas por el tiempo.
Ya sabes, 
ya olvidados
los cuerpos menores,
los pecados, abstraídos
los demás y, ya 
tachados los meses.
Nos giramos rápidamente.
El pasado parece
un segundo
de más de quinientos días.
Aparecemos en
una casa, cerca
de una carretera.
Desde la ventana se pueden
ver a los niños, que son
y no son nuestros hijos,
jugando, riendo. Y, nosotros,
como siempre, los dos,
haciéndonos envejecer
en diferencias.
Que así es el amor.
No es una navaja, ni un puñal,
ni un puño apretado
en el estómago,
entre las dos y las tres. 
Es la cotidianidad de 
lo no pictórico ni artístico
siendo arte justo en el momento
en el que no debería serlo.
Lo molesto, lo incómodo, 
lo irreconciliable encontrando
ese punto frágil en el momento
antes de partirse.
Entonces, te encuentro,
en la silla de al lado, apretándome
la mano, como siempre.
Ya viejos, pasado el tiempo
entre nuestros cuerpos.
Al final, lo que más importa
es lo de siempre;
la seguridad del tacto ajeno
que te permite ser terrenal. Y, luego,
la tranquilidad.
Que se siga parando
la vida; que siga 

la muerte sin existir.

jueves, 22 de septiembre de 2016

La luz

las luces de los coches
y las de los edificios
y las de los cuchillos
a contraluz.
las luces de los atardeceres,
las reflejadas en el espejo
del baño desvistiéndote;
las luces intermitentes
en los semáforos, las de
los móviles en nuestra cara.
las luces de un líquido
cayendo en la cara,
callando la boca.
las luces artificiales,
en los fuegos; 
y la luz natural,
de un cuerpo dándola.
La vida empieza 
con la luz,
sigue su curso,
con la luz, 
y termina 

con la luz.

jueves, 7 de julio de 2016

Forestalidades

Necesito que alguien
me tale el cerebro
indiscriminadamente y 
criminalmente.
Necesito dejar de oírme
gritar
en todo el silencio;
susurrándome
por detrás, como
en el sexo, lo que debo.
Entiendo el fuego
cuando quema
y devasta las montañas
haciendo todo cenizas
sopladas ya por alguien
que vendrá y dirá
que hasta mañana, que
todo esto sigue ardiendo.
Entiendo el terror de 
las altas temperaturas
incendiando dos cuerpos
víctimas, cuando el cerebro
es todo corazón. Cuando 
buscas ese músculo
perfecto que hace temblar 
la habitación: roja.
Y ya, llenos de sangre,
muertos de hambre,
nómadas de bosques,
encontramos otro sitio
en el que poder gritar
en todo ese silencio
y poder decir que moriremos
en paz, entre fuegos,
entre árboles caídos, entre 
monstruos descomunales,
ensangrentados. Los dos,
como dicen que mueren 
los que han amado mucho.

domingo, 8 de mayo de 2016

La otra noche.

1
Nosotros nos quedamos muy afuera.
ya estamos afuera.

2
Inspirando,
espirando.
Todo es un juego de muñecas.
AQUÍ NADIE SE PREOCUPA
POR EL INFIERNO.
Es todo un cuento de
hadas donde nadie
sabe dónde mirar.
Sólo somos
unos simples
escaparates.

3
Acabo de pasar de página.
Alguien se retuerce entre las plantas.
Alguien nos está mirando.

4
¿Quiénes somos?
Matadme.
Podría morir
ahora.
Podría ser gris,
ser humo,
ser nada,
ser nadie,
ser
fantásticamente
tú.

5
Necesito decirte que
simplemente
no podemos
ser tan simples
como para estar aquí
preguntándonos
cosas sobre el alma.
Como para
preguntarnos
dónde estamos siendo.
El ser implica
una grandeza
tan inmensa que no,
no puedo describirlo.
La inmensidad
del yo,
mi inmensidad,
no se puede palpar.

6
Si quieres
formar parte
del futuro del mundo,
lo puedes ser.
Sólo tienes
que tocar las notas
que suenan en tus
costillas.

jueves, 5 de mayo de 2016

Les amours imaginaires by Xavier Dolan.

—Estás fumando mucho, comparado con la última vez.
—Fumaba mucho entonces. Me encanta fumar. Fumar un cigarrillo es como olvidar. Cuando apuro la colilla es todo lo que tengo. Encender, fumar, callar las cagadas. Oculta la mierda. El humo oculta. La mierda. Los hay de menta y de vainilla. Hay a quien les gusta. Tabaco mentolado, de vainilla. Cigarros de chocolate. Cigarrillos, cigarrillos... Los cigarrillos evitan que me vuelva loca. Me mantienen viva. Hasta que muera.




domingo, 24 de enero de 2016

Sin bolsas

Todo esto debería ser por tu culpa,
y sí.

A veces hace falta pensar,
que no le bailas a cualquiera,
sólo cuando yo lo hago en la oscuridad,
cuando te bailo detrás del cristal.

y dormirme me cuesta
porque toda esta cara de felicidad
es por tu culpa

y no por otra punta.





Un re-make mal hecho de la canción de C. Tangana "Bolsas".


sábado, 2 de enero de 2016

Ver y oír son verbos transitivos y van acompañados de ti.

Cuando veo tu cara
cuando oigo tu voz

parece que...


De verdad.
En ese puto momento
nada,
nada,
nada,
nada,
nada,
nada,
ni siquiera ahora, esto que estoy escribiendo,
todas estas palabras
así dispuestas
para que conmuevan
por mí,
para ti,
ni siquiera ellas,
ni siquiera
nada
en el mundo
podría ser capaz de describir lo que pasa

cuando veo tu cara,
cuando oigo tu voz,

cuando se acerca
el momento
de hacerlo.


Cómo decirte,
por ejemplo:
cuando salgo del aeropuerto
para verte,
corro;
pero cuando salgo del aeropuerto
porque vuelvo
de verte,
me dan ganas
de coger otro avión
para volver
a verte.

Y, de verdad,
quiero que sepas
que por mucho
o por muy poco
que te conmueva
todo esto
que te estoy diciendo...

De verdad,
quiero que lo sepas,
que no es
nada
nada
nada
nada
comparable a lo que siento

cuando veo tu cara
cuando oigo tu voz

tampoco hay nada comparable.


Mis palabras solo
pueden llegar a ser
como cuando
cierro los ojos y

veo tu cara y
oigo tu voz.

Pero no es verdad.
Es solo un recuerdo.


Esto es igual.
Una reminiscencia olfativa.
Coger tu camiseta,
cerrar los ojos,
y sentir
que me soplas
la tripa,
que me agarras
el pendiente,
que me metes
el dedo
en la oreja;
que sonríes,
porque
cuando sonríes
es porque

estoy viendo tu cara y
oyendo tu voz.

Y entonces la vida
empieza a basarse en
una mierda de cuenta atrás
para volver a


ver tu cara y 
oír tu voz.




viernes, 4 de diciembre de 2015

Al final, lo único que queda de una rosa es su nombre.

Hay una flor creciendo en nuestro jardín. La veo cada mañana cuando me tomo el café antes de irme de casa. La veo desde la ventana de la cocina, la que hay justo encima del fregadero. Hace frío. Aquí siempre. La taza casi hirviendo me hace entrar un poco más en calor. La rosa creciendo me hace perder la consciencia. Al mirar al jardín cada día el cielo siempre está encapotado. Ni un remoto rayo de sol. Después, muerdo la tostada con mantequilla y me limpio en los pantalones. Luego busco las llaves antes de salir, con el cigarrillo encendido en la boca, que siempre están en la chaqueta que me puse el día anterior. Y me voy. Cuando llego, a la noche, está lo suficientemente oscuro como para que no pueda ver la rosa crecer. Así todos los días.

—Está creciendo una flor en nuestro jardín—y le doy un sorbo al café.
—Está muriendo gente en otra parte del mundo—dice él ojeando el periódico sentado a la pequeña mesa de la cocina.

Después, me pongo el abrigo, busco las llaves y me voy. Cuando la rosa ha crecido lo suficiente, al cabo de meses, entre todo este frío, entre todas estas nubes grises, un día salgo al jardín a mirarla. Es roja, una rosa roja. Rojo color sangre, color pérdida, color cielo. Toco sus pétalos, su frágil pero protegido tallo, su cuerpo abrasivo, casi felino, casi depredador de pupilas, al tacto. 

La complicada vida de la rosa de mi jardín era increíblemente fácil a la vez. Llena de contradicciones, pigmentando el monocromatismo exterior. Hoy hace más frío de lo normal y ha crecido un poco más. Mi café hierve un poco menos y me tiembla la cuchara. El cigarrillo se me ha apagado y lo tiro. Cuando vuelvo por la noche, la rosa está más roja. Lo sé, porque el color es tan intenso que puede ya verse en la oscuridad, en la inmensidad apagada de la noche. 
Cuando me despierto a la mañana siguiente y voy a la cocina, él ya está despierto. La pequeña y vieja televisión encendida. Una mujer diciendo idioteces sobre bombas, sobre países, relaciones internacionales y cosas que me dan más razones para mirar a través de la ventana cuando pongo el café a calentar en el microondas.

—Están bombardeando todo. Ha empezado una guerra—aparta la mirada de la tele y la desvía hacia mí.
—¿Cómo puede ser que haya crecido tanto? ¿que no le importe el frío?—digo, refiriéndome a la rosa. No le ignoro, simplemente es que no puedo prestarle atención.

A las pocas semanas, cuando me despierto y ya tengo la costumbre de ir aprisa hacia la cocina para mirar la rosa, antes de calentarme el café, antes de encenderme el cigarrillo, antes de ser consciente del mundo, la rosa ha superado a los setos de nuestro jardín en altura. La rosa es más grande que mi puño. Y ahí está alta, insinuante, casi provocativa, ganadora y triunfal. Monumental.

Tres meses después, no se va el frío. La rosa parece que ha dejado de crecer. A mí se me ha derramado un poco de café en la encimera y lo estoy limpiando cuando él dice:

—Por favor, qué paren ya. ¿No podrían, simplemente, dejar de bombardearse unos a otros?

Lentamente, con el café entre las manos, voy y apago el televisor. Después, le miro, parece un extraño, y le digo:

—Ha crecido una rosa en el jardín. Mírala. Olvídate de todas estas mierdas. El mundo es una jodida y apestosa mierda. Ven, hazte un café, enciéndete un piti, ponte una manta sobre los hombros y mira la puta rosa. Deja de ser y contempla—miro el reloj, se hace tarde. Dejo el café, me pongo la chaqueta, le doy un beso en los labios y me voy.

Al cabo de unos días, una fecha señalada. Al despertarme, voy lo más deprisa que puedo a la cocina, manchada de rojo en la mesa. Ahí estaba, el rojo depredador, extendido en la mesa de la cocina. Podía olerse el frescor. Parece como si alguien me oprime el pecho con mucha fuerza y casi no me deja respirar. Le ha cortado las espinas y ha dejado una nota:

''Te quiero. Planté una rosa en el jardín. Ahora, enséñame a mí a olvidarme de pensar.''

lunes, 2 de noviembre de 2015

La honestidad de los que se van.

Solíamos decir que las puertas estaban abiertas,
que las miradas frenaban,
que las llamadas tiraban de algo
que las palabras quitaban el sueño,
que hacían herida,
que era difícil curarlas.
solíamos empezar mayúsculamente
por algo pequeño y
convertirlo
en algo de inmensas proporciones
para después poder decirle
a toda esa gente
que ganamos.
hemos ganado.
hemos ganado
perdiendo.
hemos ganado
perdiendo
perdedores.

hemos ganado mareas
y no nos ahogamos.

hemos ganado pulsos
al corazón.


ahora ellos están
ahí, abajo,
ardiendo.
contemplándonos
con recelo,
con envidia,
cómo estamos todavía
más calientes que ellos
sin tener que arder
en el infierno.

viernes, 16 de octubre de 2015

Corremos.

Corremos atravesando vecinas tormentas, ignorando a quien crea relámpagos, a quien sólo cae como la lluvia, a quien sólo se evapora como el agua, y acaba siendo vapor, en forma de sudor en la cara de alguien. Mientras, nuestra juventud envejece, madura, se vuelve azul, se pone el sol, se quita el vestido y se maquilla.
Los fuertes golpes no quieren decir nada, sólo nos miramos al espejo para dedicarnos tiempo muerto. La estética está en nosotros mismos, no en los museos, no en los cines, no en las galerías de arte, no en los objetos que compramos. La estética es un atardecer todavía sin contemplar, virgen de miradas, preparado para sorprender a las cámaras. La playa es la alfombra roja y no estáis invitados.
Nadie me ha enseñado a sonreír, pero sí a hablar, sí a defenderme con palabras, sí a despedirme, a saludar. Tampoco nadie me ha enseñado a separarme de lo que entristece y se marchita con su propio paso del tiempo, pero sé hacerlo.
Corremos, somos jóvenes. Aún nos queda mucha estética que enseñarle al mundo, pero nada más. Podremos contarle cosas, pero nada más. Podremos decir adiós a gente que sólo rellena nuestra finito mundo de infinitas equivocaciones. Y corremos.

Corremos, sí. Y ya, los dos somos jóvenes. Pero yo algún día no lo seré y tú te quedarás en esta playa, ahogándote, pidiendo auxilio, nadando con arrugas en la piel. Y yo, bueno, yo te estaré viendo desde algún otro sitio. No disfrutando tu muerte, pero sí contemplándola con calma y lástima por no haber sabido nunca nadar con la corriente.

Hay un sitio al que no quiero llevarte.

Y es a salvo.

lunes, 14 de septiembre de 2015

Que nos destrocen las ganas.
Que hagan trozos de nosotros,
¡vaya ganas!
Tú ganas,
siempre hay ganas.



viernes, 21 de agosto de 2015

La oscuridad.

Fuerzas que se escapan por los ojos y cuatro paredes que sostienen lo insostenible en un cielo que sigue haciendo pasar las nubes, un sol que sigue saliendo y escondiéndose. Fumo un cigarro mientras intento sostener lo que nadie más sostiene. Ante la inmensidad de lo diminuto se sobrepone lo diminuto de lo inmenso. Lo efímero se vuelve eterno esperándote. Aquí no hay por lo que sonreír. Son sólo excusas injustificadas para provocar pseudofelicidad que trastorna, que degenera en la depresión grotesca de la vida.
Si alguien se muere, no se va a parar el mundo, por muy importante que seas. Dios no escucha. Dios no madruga. Dios no ayuda. Dios no hace milagros. Dios no se apiada. Dios no existe. El arte no existe. El arte es circo.  El circo somos todos nosotros forzándonos a reír bajo una carpa que no nos deja ver la luz del Sol. El pan es sacrificio. Y el sacrificio es renunciar al circo. Renunciar al circo es no sonreír, aunque sea falsamente. No sonreír es no tener circo, pero pan. Renunciar a sonreír o a comer. 
Renunciar al pan o al circo.

Bebo, fumo, follo y, a veces, me drogo y dejo todo eso para otro momento.

lunes, 10 de agosto de 2015

Madrid tiene el cielo más bonito del mundo.

Es de noche.

Te echo de menos y hace exactamente siete horas y veintiséis minutos que no te veo ahora que estoy escribiendo esto. Ahora un minuto más porque me ha costado escribirlo. Son las 2:17 y qué hago. Estoy en una habitación pequeña en un sitio cualquiera de Madrid fumándome un cigarro e intentando conciliar el sueño que se me ha quitado después de las horas de viaje.
Cuando estaba en el coche, y veía el paisaje pasar, sucederse, en alguno de esos momentos efímeros he escrito en Twitter: ''si mi yo del pasado me conociese ahora, me diría que estoy loco''. 

Ha sido justo después de la parada para fumar. Estaba solo, en alguna gasolinera recóndita de Burgos donde solo había oscuridad y camiones parados y he pensado: ''¡Joder, Juanpe!, ¿qué coño haces aquí un lunes a las diez de la noche? Te has pegado casi diez horas de viaje en menos de tres días.''
La respuesta la sabía antes de formular la pregunta. Y, justo después de poner ese tuit, he pensado que de verdad a veces creo que estoy loco, que me estoy volviendo loco. Por si alguien no sabía cuál era la respuesta, era ''por amor''. No al arte, al amor. Luego he escrito: Mi yo de antes me diría que no se cree las cosas que hago por amor.

Últimamente, no paro de pensar en finales, porque llegan, algún día llegan, todas las paredes tienen grietas, por microscópicas que sean. O, tal vez, sea por eso que leí de ''si conoces al amor de tu vida con veinte años, huye'' o, quizás, sea esa conducta masoquista y suicida en mi lado sentimental que me hace ser caótico y catastrófico. Pero siempre llega el sabor agridulce. 

Os juro que, si ahora hablo de amor, lo hago desde la experiencia, desde la realidad lúcida y lúdica del amor. Y os juro que lo que más odio del amor es que exista de verdad.

Pero si hay algo que amo y que odio a la vez con todas mis fuerzas a partes iguales sobre este sentimiento es el no saber si la reciprocidad es real o al menos del mismo tamaño. Quiero decir:

Si te quiero de esta forma, de una forma tan especial, tan extraordinariamente inhumana, tan fuera de lo común en lo que siento o he sentido. Si, de verdad, te juro, ahora mismo, que esto no lo voy a sentir por nadie más... Que este sentimiento es para ti, sólo para ti.

¿Cómo podría yo saber que de la misma forma yo lo soy para ti?

Y, es que, por mucho que me esfuerce, que te esfuerces, que nos esforcemos; no la hay.

Lo que más amo y odio con todas mis fuerzas iguales es justamente eso.

No saber con certeza si el sentimiento es mutuamente del mismo tamaño, más pequeño o más grande.
Eso es lo que odio.

Pero luego, tener la confianza suficiente como para saber que es así, que es el mismo. Que lo especial que eres para mí, lo soy para ti.
Tener la confianza en que te he marcado como una herida, como una canción, como una película de Xavier Dolan, como alguien que no para de acordarse de alguien.
Eso es lo que amo.

Y a ti, por supuesto.

De eso es lo que más tengo certeza ahora.

y  de que creo en ti por encima de mis posibilidades.

sábado, 13 de junio de 2015

Diario sobre tus costumbres.

La tristeza no es necesaria para escribir sobre cosas tristes, ni es necesario estar roto para hablar sobre roturas y grietas, y tampoco nos tenemos que dejar llevar por el estremecimiento de las leyes naturales por mucho que seamos tempestades. He visto palabras arruinando más vidas que huracanes. Y le he visto destrozar horas fumando. Y la desgracia que es ver pasar el tiempo cuando no estás a su lado, cuando comprendes que la risa es solo un complemento, directo, al corazón. Y cuando te recorre con las manos y te hace perder de vista la cuenta atrás y margina el reloj, y se desviste como una fiera y te atraviesa como una espada. Y su risa es un puñal y sus manos otro arma blanca y cuando hace llover hacia arriba en la ducha. Y cuando miente sobre su estado de ánimo y te anima simplemente estando, siendo. Y cuando te mira y no sabes qué hacer ni qué decir. Y cuando calla, todo el mundo ha dejado de hablar y escucha música, y quiere vivir dentro de una película que no consigue rodar. Y se enloquece cuando le contradices y se contradice cuando enloquezco y me retuerce sin tocarme. Y le sueño cuando me despierto, y creo en él por encima de Dios, y aborrece la religión y le dan miedo los fantasmas  y no comprende cuando las palabras sólo son palabras y no se han pensado, pero hace ver que tiene algo dentro a punto de estallar, una enorme fiera capaz de  devorarse a sí misma que vive en la ciudad. A 10 minutos de mi casa. Y no quiero estropearlo hablando de ello. Estoy callado. No estoy diciendo nada. Esto son sólo palabras. Nadie va a entenderlo, compréndelo. Hay genialidades maravillosamente desperdiciadas. Menos mal que te estoy aprovechando.

martes, 19 de mayo de 2015

La vida es feliz y triste.

Creo que ahora mismo no tengo nada que decirle al mundo después de haberte visto bailar en mis manos, de haberte visto reír a carcajadas y de haberte visto hacerme olvidar el mundo cuando follábamos. Es difícil que alguien te haga estar continuamente en ese casi mortal momento justo antes de correrse. No hay manera de escaparse del deshielo cuando me tocas. Hay un secreto en tus ojos que nadie entiende y tienes el punto débil de querer demasiado. Demasiado deprisa. De todas formas, no podría contar nuestra historia sin hablar de pecados, de canciones, de flores, de atracciones a las que nunca me subiría y de fantasmas. No podría explicarle a nadie cómo ríes cuando fumas y cómo lloras cuando menos lo espera el mundo. Madrid tiene el cielo más bonito del mundo y tú la forma más bonita de verlo, aunque sea lo único que te guste de esta acelerada ciudad. Le doy al pause. Rebobino. Apareces como un objetivo y has acabado siendo mi causa y mi fin. Solo quiero tus consecuencias. Aquí dentro solo hay una guerra entre lo que he sido y lo que seré. De todas formas, si alguna vez le hablase a alguien de ti, le contaría esa forma que tienes de dejarme el lado bueno de la cama, o como me agarras la pierna cuando viajamos en mi coche o todas las películas que no hemos visto. Tal vez les intentaría contar tu extraña visión del mundo, pero no lo entenderían. Les contaría que alguna vez dejamos de lado todas las puertas que habíamos abierto solos y que ahora me enseñas a abrir pomos que ni siquiera había visto. Que algunos de ellos conducen a algo, puede que sea algo feliz o triste.
Pero así es la vida, feliz y triste.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Claramente.

En algún momento de la vida pensé que perderte sería un proceso progresivo en el que al final acabarías importándome lo mismo que me importa la vida de las moscas. Y que el tiempo acabaría curándolo todo. Pues bien, el tiempo ha hecho alguna de sus locuras y nos hemos perdido. Y hemos perdido una vida juntos. Y hemos echado la vista atrás y ya no nos acordamos de hacernos sonreír el uno al otro. Supongo que esto es un guión todavía sin terminar, una película dramática que todavía no ha acabado. Imagínate, qué mierda de realidad es esta sin el cine, sin perder horas frente a una pantalla haciéndonos fotos felices, mientras el resto del mundo nos critica. Supongo que por envidia. Imagínate un mundo en el que no me pidas pitis, o que te lleve en coche, o que te ayude con el dibujo. Imagínate una vida sin bajar a los perros juntos, sin escuchar Maldita Nerea y, joder, qué maldita es Nerea. Imagínate una vida sin gastarnos la paga en chupitos en el 9ºB y hacer 23 locuras en una noche. Imagínate no ser la envidia de  toda nuestra generación porque lo teníamos todo. Solo imagínate un poco más e imagínanos sin estudiar juntos, sin yo contarte por qué culo me jugaba el brazo y tú por quién morderías el agua. Imagínate que no nos encontramos y que no nos hacemos imprescindibles. Imagínate con quién robaría prendas caras en los grandes almacenes y con quién correría. Imagínate quién vendría a mi casa de madrugada a fumar. Imagínate con quién hubiese llorado porque en aquel viaje no me habían besado. Imagínate con quién iría al centro sólo para que la sociedad siguiese viendo que existíamos. Imagínate con quién me hubiese subido en un barco y con quién hubiese decidido mi futuro. Con quién hubiese bebido cubalitros hasta vomitar de felicidad y con quién hubiese hecho un microclima polar en su casa solo para hacernos fotos con las sudaderas que nos habíamos comprado nuevas. 
Imagínate que eso de que <<los que crecieron con el cine no soportan bien la realidad>> fuese cierto. 
Imagínate que si eso fuese cierto yo no podría soportar que todo lo que te he dicho que te imagines se haya convertido en realidad.
A veces pienso que de verdad somos retrasados. Pero nos queda la excusa del amor.

jueves, 23 de abril de 2015

La religión.

Hemos acelerado pulsos hasta reventar venas y he separado aguas para salvar. Nadie me ha juzgado cuando me santifiqué mirándote a los ojos. Aquí no hay paz ni existe el blanco. Un día te irás y toda gloria será buscada. El luto serán mis pisadas detrás de las tuyas. Bendice este día y deja que el milagro sea que nos hayamos encontrado y que haya posibilidades de separarnos y que eso no suceda aunque hayamos pecado.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Oniria.

Es la primera vez que encuentro a Insomnia una noche. Me despierto y está sentada a los pies de la cama. No sonríe. Su gesto es de las pocas cosas imparciales y neutras que he visto. Se acaricia la mejilla con un mechón de pelo y me mira. Sabía que era ella porque su presencia no daba lugar a ningún sueño. Así que me enciendo un cigarrillo y sigo pensando en ti.
En soluciones. En perspectivas. En no vernos muy de cerca por si quemamos. Pienso en la angustia que me produce no estar contigo y vomito, porque no estás aquí. Después sigo dándole unas caladas al cigarrillo y me dejo llevar por ese nudo en el estómago que me hace pensar en ti. Casi me ahogo. Casi rozo niveles de tristeza tan brutales que los confundo con felicidad. Tú provocas toda esta contienda sin fin. Mis sentimientos bajaron la guardia y alguien les tiró una bomba. No hay supervivientes. Has ganado. Comenzaré y terminaré diciéndote siempre que estoy contento, porque lo estoy. Te juro que no miento. Pero estar contento no quiere decir que no esté triste. Y lo estoy. A veces pienso que mi sonrisa triste no dice nada. Y es la verdad. No dice nada. Algún día dirá: <<me voy>> y, entonces, no habrá marcha atrás. Reconstruiré de las ruinas o me llevaré los pedazos que queden. Supongo que alguien vendrá a visitarlas para recordar el esplendor que algún día tuvo. Quiero decirte que hay noches que se hacen largas sin ti. Apaga el cigarrillo y me vuelvo a acostar.

Oniria ha venido a verme. Dice que se queda unos días. Aunque creo que ha traído equipaje para un tiempo. Ya sabes que yo no puedo decirle que no se quede. A ti tampoco. 

El caso es que tú te vas.

Y ella siempre se queda.

lunes, 23 de marzo de 2015

¿Y si los corazones fuesen de cristal?

Ya basta de ver las cosas a través del cristal. Un día rompí la ventana para ver lo que había afuera y casi me ahogo de tanta realidad. Nadie sabe lo que es la lluvia si nunca ha visto llover, ni sabe cómo se acelera el mundo cuando te das cuenta de tu primer corte. Después todo son cicatrices y la lluvia es algo normal aquí dentro. 
El caso es que llegó el día en el que volvía a estar harto de lo de afuera, de gente que no miraba dentro del cristal. Así que, aún sangrando, volví a coger los restos de ventana y uno a uno los intenté volver a poner. Nunca volvieron a estar como antes. Supongo que como todo.

Y de la ventana no paraban de entrar ráfagas de realidad a través de las imperfecciones. Los cristales nunca olvidan. Imagínate otras cosas.