Ahí está, mi ventana abierta, por si Peter Pan vuelve algún día. La ventana abierta y el corazón sangrando de dolor. La ventana abierta y las promesas que se escapan hacia el cielo. No la cierro ni para dormir en invierno, ni siquiera para desnudarme. Si hace frío, me jodo, porque es lo que toca sin ti. Sin tu calor y con la ventana abierta.
VUELVE Y SÁLVAME.
Créeme, no supe soñar desde que te fuiste. Esto se hace más duro de lo que creía. Hay noches incluso en las que me acuesto acojonada y ni la manta sabe protegerme de lo que tus brazos me hacían inmune. Hay noches en las que hace un frío de la hostia y ni siquiera me atrevo a pensar en entornar un poco ese cristal por el que llegaste volando un día.
¿DÓNDE COJONES DEJÉ LOS POLVOS DE HADA?
Seguro que te los llevaste tú, cuando recogiste todo lo tuyo. Tu ropa, el amor, mis ganas y mi corazón. Nunca podré recuperarlo después de haberlo roto en pedazos.
¿Y LA VENTANA? ¿LA PODRÉ CERRAR ALGÚN DÍA?
NI DE COÑA. No dudes de que cada medianoche me levanto para mirar si te acercas por aquella estrella que viene directa del amanecer. Pero no veo nada en el cielo, ni siquiera queda una puta estrella a la que pedirle un deseo. No me queda nada, solo una ventana abierta.
UNA VENTANA ABIERTA POR SI ALGÚN DÍA DECIDES VOLVER.
MIENTRAS, YO BUSCARÉ NUESTRA ESTRELLA EN NUESTRO CIELO PARA PEDIRLE:
VUELVE Y LLÉVAME CONTIGO.
NO QUIERO CRECER. AL MENOS NO SIN TI.


