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jueves, 13 de septiembre de 2012

¿Contigo? Por aquella estrella todo recto hasta el amanecer.

Ahí está, mi ventana abierta, por si Peter Pan vuelve algún día. La ventana abierta y el corazón sangrando de  dolor. La ventana abierta y las promesas que se escapan hacia el cielo. No la cierro ni para dormir en invierno, ni siquiera para desnudarme. Si hace frío, me jodo, porque es lo que toca sin ti. Sin tu calor y con la ventana abierta.

VUELVE Y SÁLVAME.

Créeme, no supe soñar desde que te fuiste. Esto se hace más duro de lo que creía. Hay noches incluso en las que me acuesto acojonada y ni la manta sabe protegerme de lo que tus brazos me hacían inmune. Hay noches en las que hace un frío de la hostia y ni siquiera me atrevo a pensar en entornar un poco ese cristal por el que llegaste volando un día.

¿DÓNDE COJONES DEJÉ LOS POLVOS DE HADA?

Seguro que te los llevaste tú, cuando recogiste todo lo tuyo. Tu ropa, el amor, mis ganas y mi corazón. Nunca podré recuperarlo después de haberlo roto en pedazos. 

¿Y LA VENTANA? ¿LA PODRÉ CERRAR ALGÚN DÍA?

NI DE COÑA. No dudes de que cada medianoche me levanto para mirar si te acercas por aquella estrella que viene directa del amanecer. Pero no veo nada en el cielo, ni siquiera queda una puta estrella a la que pedirle un deseo. No me queda nada, solo una ventana abierta.


UNA VENTANA ABIERTA POR SI ALGÚN DÍA DECIDES VOLVER. 

MIENTRAS, YO BUSCARÉ NUESTRA ESTRELLA EN NUESTRO CIELO PARA PEDIRLE:

VUELVE Y LLÉVAME CONTIGO.

NO QUIERO CRECER. AL MENOS NO SIN TI.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

No me jodas, solo me acuerdo del dolor de mis latidos.

Créeme cuando te dije que lo eras todo, porque ahora sin ti no soy nada. No me acuerdo ni de mi nombre, ni de mi canción favorita, ni de esa película que me hacía llorar. No me acuerdo de aquel banco donde nos sentábamos a ver las horas pasar mientras se nos acababa lo que tú llamabas amor. No me jodas, ya no me acuerdo ni de qué color es el cielo. Pero me da igual, nunca supe vivir sin ti. Ni siquiera quiero aprender, porque yo estaba hecho para reír contigo, para soñar contigo, para vivir contigo. No me jodas, ya no me acuerdo ni de escribir nuestros nombres en un papel. No me acuerdo tampoco de querer. ¿Cómo era eso? Ah, sí, eso de pensar solo en una persona. Eso que te acaba destrozando por dentro. ¿Sabes? Nunca supe cómo lo hacía (eso de quererte tanto), solo sé que lo hacía de la mejor forma que sabía. Así que no dudes que me llevé la medalla de oro en eso de sonreír como un tonto por ti. Porque de eso sí que me acuerdo, del daño que hacía cada latido y cada sonrisa tuya. Creo que es de lo único que me acuerdo.
Bueno, no. También me acuerdo de cómo respirar, y eso es lo más jodido del mundo, el no poder desaparecer cuando uno quiere.




Mientras, espero que tú sí que te acuerdes de que era el mejor en hacerte sentir única, aunque hubiera millones de personas. Que te acuerdes de mi nombre, de mi sonrisa... Acuérdate de que nunca iba a haber ninguno como yo. Y te prometo que no lo habrá.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Venga, ponte los tacones, que esta noche también brillas.

Aquella noche llovía. Noche de tormenta. Noche de lluvia, relámpagos. Noche trágica. El cielo estaba enfadado con el destino.
Aquel día ella durmió lo que pudo, unos cuantos minutos y luego se despertaba sobresaltada. Aquella noche durmió con la luz encendida, por si acaso el monstruo de debajo de la cama salía y se acojonaba un poco más. Aquella noche pagó con la almohada todo el daño que él le había hecho. Aquella noche el cielo le quedaba grande. Aquella noche estaba deseando tener pesadillas, porque seguro que serían mucho mejor que la vida. Aquella noche, cogió, se levantó de la cama, se secó las lágrimas, se maquilló, se puso su mejor vestido, sus tacones más altos y se fue a dejarse la piel bailando. Otra vez su mejor amiga, ahí estaba, incondicional. La misma de siempre. Si tú la conoces sabes de quién hablo. La de los acordes, la que saca sonrisas, la que se limita a meterse dentro de ti, la mejor droga.



LA MÚSICA.
La que le salva, la que nos salva.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Te dejo, te jodes y me echas de menos.

<<A ver quién fue el gilipollas que dijo que amar era lo más bonito y no lo más jodido.>> Eso es lo que se preguntaba cada vez que se plantaba frente a la pantalla y sonaba esa canción que le removía todo lo de dentro.
<<Piensa, estúpida, piensa.>> Se decía todo el rato, para autoconvencerse de que aquel idiota que le había prometido amor eterno era el más farsante de todos los tipos con los que se había encontrado. 
Pero es que aquel idiota la tenía destrozada. Por dentro. Por fuera siempre iba con una sonrisa que le costaba la vida sacar.
Aquel idiota que sabía cómo besarle, cómo abrazarle, cómo decirle un 'te quiero, fea' en el momento exacto. Sabía cómo prometerle el cielo, e incluso sabía cómo bajárselo. Aquel idiota que sabía justo dónde disparar para conseguir que se rompiera en mil pedazos. En mil no, en diez mil. Aquel idiota, bueno, tan idiota no era si sabía qué cigarrillo acompañar al tequila del malo y qué forma de besarle era la adecuada para dejar huella dentro de su alma. Aquel idiota que sabía que tenía su nombre tatuado a hostias, y que eso era imborrable. Aquel idiota que dijo eso de que para olvidar el fuego iba de puta madre.
Y ahora está allí ella, que ya ni siquiera es ella, quemando sus fotos, sus cartas e intentando quemar los recuerdos, las huellas sobre su cuerpo. Pero el fuego para eso no funciona, solo el tiempo. Así que le toca joderse y echarle de menos a él y a todas sus idioteces que tanto le gustaban.

ELLA, LA CHICA DEL ALMA ROTA.

Ella, que intentaba llegar al cielo, pero las alas las tenía rotas.
Ella, que intentaba volver a querer, pero el corazón lo tenía destrozado en mil pedazos y no funcionaba como antes.
Ella, que odiaba a la del otro lado del espejo y nunca se acostumbraba a su reflejo.
Ella, que se había dado una hostia mortal al caerse desde tres metros más arriba del cielo.
Ella, que imaginaba que algún día podría decir adiós a todas las mierdas de la vida.
Ella, que dormía alerta por si los sueños eran peores que la vida (IMPOSIBLE).
Ella, que llevaba tatuada la inicial de su puta autodestrucción.
Ella, que miraba para otro lado cuando le preguntaban sobre el amor.
Ella, solo ella. Única.
Ella, que a pesar de todo, cogía, rompía el espejo y con un par de ovarios salía a la calle con una sonrisa.
Ella, que estaba decidida en que su corazón no se rompía ni una puta vez más.
Ella, que supo cómo detener el tiempo y decir 'se acabó'.
Ella, que no supo cómo cojones dejar de quererle tan fuerte.
Ella, que aprendió a vivir con la idea de que le echaría de menos hasta el último suspiro.

lunes, 13 de agosto de 2012

Tus promesas valen lo mismo que tú. Nada.

Un 'que te jodan' en el momento oportuno. No un 'hasta luego', no. No te confundas. Esto es un 'adiós' en toda regla, de los pies a la cabeza. Solo quiero echarte de menos una vez. No más. Solo quiero hundirme con el Titanic una vez. Y luego salir a flote aunque haga frío. Solo una puta vez eso de que las canciones me sepan a recuerdos. Solo una puta vez eso de que el humo de los cigarros escriban tu nombre. Yo solo muerdo el agua por ti una vez, que eso hace un daño de la hostia. Yo solo me disfrazo de ti una vez, y si tú te disfrazas de mí. Acuérdate de eso que decíamos que si queríamos, parábamos los relojes de todo el mundo y a la mierda los problemas. Acuérdate de cómo mi cama no sabía dormirme sin ti. Acuérdate de todas las promesas que nos hicimos en las servilletas de aquel bar que nos daba tequila del malo. 

''Promete que no me fallarás, que me follarás, que me brillarás, que me chillarás entre las sábanas. Promete que este 'siempre' escrito con promesas y subrayado con besos no se borrará ni con el típex del tiempo. Si me subes al cielo, no me bajes, no me tires nunca, que la hostia puede ser mortal. Promete que los 'te quiero' serán conjugados siempre en la primera persona del plural. Promete que cuando hables de mí, hables de nosotros. Promete que las promesas se crean, no se destruyen y tampoco se transforman.''
Y míranos, parece que ya no te acuerdes de cada una de estas letras escritas con nuestra tinta, con tu puño y con mis ganas. Parece que has prendido fuego a tus servilletas con ese tequila del malo y con las colillas de lo nuestro. Parece que la música ya ni te hable de mí ni de nosotros. Bueno, pues acuérdate, que yo no desafío la teoría de la energía de Einstein para que ahora vengas tú y me digas que las promesas también entran en el campo de la Física. Que las promesas sí que se destruyen y que también se transforman. Vale, pues quédate con mis ganas de 'nosotros'. Quédate con esa primera persona del plural, con ese 'siempre'. Quédate con las servilletas si quieres, y quémalas, que para olvidar el fuego va de puta madre. Pero, escucha, cuando te vayas, no te olvides de cerrar la puerta y de llevarte tu pedazo roto de mí, que ya no lo quiero. Y, acuérdate también de que esto es un 'que te jodan' en el momento oportuno, de que es un 'adiós' y no un 'hasta luego'.

QUE TENGÁIS SUERTE TÚ Y TUS PROMESAS DE MIERDA.

Mientras, la música me cicatriza, me limpia las heridas y ya vendrá alguien que me quite los puntos de sutura (del corazón).

lunes, 6 de agosto de 2012

Corazón helado. Corazón bajo cero.

Nos prometimos el cielo y míranos, solo nos queda el suelo lleno de barro y mierda en el que pisar, en el que poner los pies. No quiero esta realidad. No sin ti. No quiero que la música hable de echarte de menos. ¡Que le jodan! Ya me están empezando a caer mal sus acordes. No quiero ni un puto do sostenido, ni un si bemol más sin ti. Dime tú, ¿qué me queda sin ti? ¿humo que aspirar? ¿libretas donde escribir? ¿un cielo que prometerte? Eso ya se me quedaba corto, cariño. Yo no sueño para nada, yo sueño para vivirlo. Lo uso como un pequeño ensayo. Un ensayo para enfrentarme a esta realidad sin ti. Le prometí a ese piano que no volvería a tocar sus teclas blancas si no ibas a escuchar la melodía. Así que no te vayas. Que aunque no sé qué puedo ofrecerte a parte de una sonrisa cuando te veo, eres lo que me falta. Bueno, lo que me falta no, lo que necesito. Te necesito, igual que necesito de esas canciones, que si no, para qué respirar. Para qué sonreír. Perdón, para quién sonreír. Para quién escribir versos rotos. Para quién este dolor en el pecho. Para quién mis últimos pensamientos en la cama...
Pero no te preocupes, si no vuelves no vuelvo. No vuelvo ni a pasar por ese banco donde nos sentábamos. No vuelvo a esos tres metros arriba del cielo que eran nuestros. No vuelvo a sonreír ni para que me saquen una foto. No vuelvo, simplemente, a ser yo. No vuelve mi corazón a su temperatura en la que era capaz de razonar. Que el cabrón ya sabe hacer eso de latir sin ti. Es fuerte, y yo pensaba que no. Y, aunque esté roto y dudo que alguien sepa cómo arreglarlo, ahí sigue. Con su pum pum que ya no se acelera con tu voz. Que ya no se acelera porque no te veo. Pero ahí está, ahí estoy. Alguien que no sonríe, que tiene el corazón bajo cero, helado, pero que sigue latiendo. Que eso del carpe diem se lo dejo a los valientes, y a los que no te han visto sonreír. Que no te olvides ni un segundo de que el calor me lo dabas tú y que hace frío sin ti, pero se vive. No te olvides de que aunque sea alguien que te echa de menos no soy alguien que te piensa esperar toda la vida, por si vuelves. La música me hace volar mucho más alto y mantiene mis latidos a raya. Así que no te preocupes, que la música ni me falla, ni me ha fallado ni me va a fallar. Y tú sí, aunque me muera de ganas de decirte que te voy a echar de menos.