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martes, 16 de julio de 2013

Capítulo 2: Siete es el número mágico.

La historia continúa un 7 de ese mes de verano. Ese mes de verano que recuerdas como si fuera ayer. Ese día que elige el destino para recuerdes el resto de tu vida. Eran las 7 de la tarde y ella llegó tarde, como siempre, a esa cita en el número 7 al lado de aquel bar que declararían después como su santuario. Aquel día 7 ella estaba nerviosa pero él todavía más. Los ''qué me pongo'' y los ''esta camiseta con este pantalón no queda bien, ¿verdad mamá?'' de él. Y los ''me he pasado con el colorete'' y los ''esta camisa tiene demasiado escote'' de ella. Pero todo se soluciona con una sonrisa al saludarse y con una mirada vergonzosa hacia el suelo, que nunca te salva de esas situaciones.

''—Una Coca-Cola para mí y para ella...
—Para mí un agua. Sin gas, por favor.''

Esa es la primera frase que completa el uno del otro, después de que el camarero interrumpa el incómodo silencio del principio. Después la conversación se desata y cuando vuelve el camarero ya no saben ni quién es el que pide los sándwiches. Y ese día 7 empiezan a salvar un poco al mundo, a salvar un poco su mundo. Se habían cruzado tantas veces por la calle y se habían mirado tantas veces a los ojos que ninguno se habría dado cuenta de que la salvación del uno estaba dentro del otro. Ella empieza a sonreír un poco más. Hoy se ha peinado y se ha puesto su camiseta preferida (aunque él no lo sepa). Y a veces se esconde entre el pelo o juega a... <<¡joder! ¡qué sonrisa tan bonita!>> no para de pensar él.

Y a lo mejor es que estaba decidido a que tenían que ser uno ellos dos un día siete. Y a lo mejor estaba decidido a que tenían que ser los 7 días de la semana el uno del otro. Y a lo mejor es que a él le encantaba su sonrisa triste y a ella su miedo al amor. Y a lo mejor él quería saber más sobre qué color se llevaba esa temporada y ella quería saber cómo Batman salvaba la ciudad sin superpoderes. Y a lo mejor son casualidades o es lo que les tenía preparado el destino. Y a lo mejor eran magia. Y a lo mejor ese círculo que rodeaba al 7 de cada mes en el calendario era su forma de declarar el número 7 como el número mágico. 

Y a lo mejor creemos que la magia no existe y luego viene en forma de pequeñas dosis llamadas ''amor''. 


lunes, 15 de julio de 2013

Capítulo 1: Siete días de la semana.

Voy a empezar contando la historia de cómo los lunes preceden a los martes. Y los martes, a los miércoles. Y cómo los miércoles lo hacen a los jueves. Y así hasta llegar al domingo. Voy a empezar diciéndoos que se levantó un lunes, cansada del domingo y salió a la calle como si fuera sábado. Porque a veces, las mejores historias comienzan un lunes, o fue un viernes (ya no me acuerdo). El caso es que no me acuerdo porque aquel día hizo lo que todos los días. Y todos los días odiaba al mundo por haberla dejado de lado en sus planes. Porque sólo hace falta un día de los 7 de la semana para que tu vida cambie por completo.


Y a lo mejor no te has dado cuenta de que ese día te has levantado con el otro pie, o que no has encendido la luz al despertarte (porque ya había salido el Sol) o que ese día te pusiste pasta de dientes de menta en lugar de elegir tu favorita de fresa. Puede que el lunes te equivocaras de perfume y salieras de tu casa oliendo a algo nuevo. Puede que ese día eligieras mala combinación de ropa, pero estabas más guapa que nunca. Creemos que los lunes no pasan nada especial, hasta que llega el séptimo día y cambias con los seis anteriores. Y te pones esos zapatos viejos que guardas para ocasiones especiales. Y ese bolso que te regaló una chica que un día fue tu amiga. Y no te esmeras mucho al peinarte, porque ''natural estás más guapa''. Y ese día puede que se te olvidaran las llaves de casa al salir por la puerta. Y ese día puede que fuera un día 7 de algún mes de verano. Y ese día alguien rompió tu rutina de los 7 días de la semana para darte 7 razones a las 7 de la tarde para decirte que ese día 7 era un día especial porque os habíais conocido.



Y es que hay gente que aparece de repente y se convierte en tus 7 días. En tu semana. Alguien que llega un día, mientras estás tomando café en el mismo sitio de siempre a la misma hora de siempre para preguntarte que si quieres ser sus 7 días.



Y nadie se puede negar a ser la rutina de nadie. Y menos a ser su rutina preferida.


7DÍASBAJOCERO


viernes, 28 de junio de 2013

Propuestas bajo cero.

¡Hola pequeñas, pequeños! (pero demasiado grandes para mí)
Sí, esto va para vosotros. Tengo propuestas que contaros (y ya sé que esto rompe toda la linealidad del blog), pero quiero saber si cuento con vuestro apoyo.

Propuesta número 1

Con razón de que tengo mi canal de YouTube abandonado (por no decir abandonadísimo) he pensado en acompañar las entradas de algún que otro vídeo en los que narre las entradas y con vídeos algunos más narrativos que otros (otros más triviales). Otra forma de ver las historias, algo nuevo.

Propuesta número 2

Sin ninguna razón y cuando termine los exámenes de la universidad (allá por el 13 de julio), quiero hacer una jornada intensiva bajo cero. Algo así como unos 7 días de subidas al blog (una cada día) y titularlo como #7DíasBajoCero. Me gustaría que os pusierais de acuerdo en el día de empezar la jornada (que sea a partir del 13 de julio) y me encantaría que lo difundierais lo más posible. Algo como comentar, tuitear con el hashtag #7DíasBajoCero y esas cosas inútiles pero que hacen una ilusión enorme.

POR FAVOR, OS PIDO COLABORACIÓN. COMENTAD (AUNQUE SEA EN ANÓNIMO) Y DECIDME CÓMO VEIS LAS DOS PROPUESTAS, EL DÍA QUE QUERÉIS QUE EMPIECE ESTO Y SI QUERÉIS FORMAR PARTE DE ESTE PROYECTILLO.

EN TAL CASO, OS IRÉ INFORMANDO DE MIS IDEAS PARA LOS 7 DÍAS BAJO CERO.

COMENTAD, DIFUNDID Y AGARRAOS QUE VIENEN CURVAS.

Yo, mientras, os espero escribiendo. El libro está en ello, necesito buscar editoriales, y va avanzando poco a poco.

Gracias.

miércoles, 12 de junio de 2013

Y otra vez tu sonrisa jodiéndome los planes.

Oigo el ruido de tu coche y bajo a tu portal. Te digo 'adiós'. Y ya nunca más vuelve a sonar nuestra canción. Ni siquiera se cuela un día de lluvia en la lista de antiguos éxitos de la radio. Y para éxito nuestra despedida. Nos sacrificamos por nuestras heridas. Diciembre, el frío y el invierno eran preciosos cuando llegabas. Y qué bonito era verte marchar. Y el verano sin ti era polar.


Luego subo y apago la vela que esperaba iluminarnos. Y la cena para dos se queda a oscuras y se acaba enfriando. Y el tocadiscos se queda atascado en nuestra canción, que no quiere sonar.



Y, perdóname, si espero escuchar tu voz cada vez que vuelvo a oír un coche acercarse. Siempre muero de sobredosis de emociones que incluyen echarte de menos y mirarme al espejo sin encontrarte al lado. Mi cama se ha convertido en un cementerio de un idiota que creyó en el amor. Y ahora solo quedan huesos. Y polvo. Que para polvos los que echamos sin saber que nos convertiríamos en lo mismo que estábamos haciendo. Cómo una palabra puede significar lo mejor y lo peor de la vida... Polvo: sexo y muerte.



Me acuerdo de nuestro banco en el parque, de nuestro sitio en aquel bar de la esquina. De nuestros domingos que disfrazábamos de sábados. De nuestra canción sonando a todas horas en la radio. Y tú cuando la ponías a tope en el coche. Me acuerdo de un día que salió gris y nosotros fuimos a joderle los planes a la lluvia. ''Vamos a salpicar al mundo'' dijiste. Me acuerdo de todas tus maneras de enredarte entre las cuerdas de mi guitarra o cómo tu voz sonaba mejor que el fa sostenido menor de mi piano. Me acuerdo de cómo te dejabas llevar, y empezabas a ser poesía escondida en una cama. Me acuerdo del olor de tu pelo por la mañana. De cómo dibujabas en el vaho del cristal de la ducha y cómo volabas por la ventana los lunes por la mañana diciendo que hoy era el mejor día de la semana porque significaba que habíamos sobrevivido otra. Me acuerdo del fotomatón que nos vio besarnos y hacer los idiotas sacándole la lengua a la pequeña cámara. Me acuerdo de tu número de teléfono y de aquel lunar debajo de tu ombligo. Y de aquel sitio secreto de tu cuerpo que te hacía reír como nadie. Me acuerdo de tu forma de buscarme las cosquillas sabiendo que no tenía y que pocas cosas me hacían morir de la risa. Y que tú eras una de ellas.


¿Te acuerdas cuando me decías que ibas a estar siempre a mi lado?


Mentías.

lunes, 20 de mayo de 2013

Tu voz es mi canción favorita.

Y todo empieza a volverse oscuro. Y el silencio de mi habitación. Y el caos de dentro de mi cama. Y tú vuelves a no estar. Y te vuelvo a pensar. Y, joder qué difícil es escuchar tu voz sin poder acariciarte el pelo.


—¿Por qué?

—¿Por qué qué?

—Que por qué no paras de mirarme—y se enreda entre las sábanas.

—No sé, es esa sensación de querer que se pare el tiempo y quedarme así para siempre.—le pega un golpecito en la nariz que le hace sonreír.—Es como que me jode porque los momentos no se pueden repetir. Es como que la vida te reta a que vivas cada momento lo mejor posible.

—¿Has pensado alguna vez en la muerte?

—Claro.

—Pues siempre hay momentos en los que te sientes inmortal, en los que tienes fuerza suficiente como para saber que vas a salir ileso de cualquier locura y de cualquier hostia o amor. Y luego...

—Luego te das cuenta de que el tiempo pasa también para ti. Y de que ya no eres un crío. Te das cuenta de que la cama se queda grande para ti solo. Y de que tu ciudad se queda muy pequeña. Y es como que solo te queda una filosofía para vivir.

Y es vivir como si no lo fueras a volver a hacer. Querer como si no vaya a haber ninguna otra persona. Reír como si la risa fuera la única medicina para este mundo de mierda.

Y tener siempre la seguridad de que podrías morirte en este instante, y que has vivido de la mejor forma que has sabido.


—¿Y sabes qué? Yo siempre tengo preparada una canción. Y es una canción con la que no me importaría morir. Supongo que es algo como mi marcha fúnebre. Es como esa canción que dices 'mi muerte tiene que ser con esta canción porque sería hasta bonita. Sería como el final de una temporada intermedia de una serie en la que todo el mundo llora de lo bonito que es'.—se incorpora y le pregunta—¿Tú no tienes ninguna canción?


—Canción no, pero sí un sonido. Y estaría de puta madre escuchar tu voz cuando todo se vuelva oscuro.

Y cuando todo se vuelve oscuro aún me acuerdo de esa conversación. Y de tu voz. Y la oigo en mi interior. Joder, qué bonita canción y qué envidia le tiene mi guitarra a tus cuerdas vocales.

jueves, 2 de mayo de 2013

¿Qué haces bailando si el mundo está tocando su marcha fúnebre?

Voy a seguir bailando hasta que el mundo deje de sonar.
No voy a dejar de cantar en la ducha a las seis de la mañana solo porque perturbe las pesadillas del vecino.
No voy a dejar de saltar al andar solo porque los demás me miren raro.
Prefiero tener negros los pulmones de fumar que tener el cerebro podrido de las mentiras que cuentan en las noticias.
Prefiero soñar con imposibles a vivir de puntillas y que nadie se dé cuenta de que he pasado por su lado.
Aún me quedan muchos ''mejores momentos'' que vivir y muchas costillas que seguir destrozando por las hostias.
Me va a seguir gustando la poesía clara y sin palabrerías (el amor jode y nos hace más fuertes si no nos mata).
Y voy a seguir creyendo en el amor como punto fuerte y punto flaco del mundo.
Mis estados de ánimo van a seguir siendo una función de ondas que alcanza su máximo y su mínimo en infinitos períodos.
Voy a seguir escribiendo(te).
Y voy a seguir sonriendo con cada locura que haga un viernes por la tarde jodiéndole los planes al hijo de puta de mi destino.
Voy a seguir quemándome los labios con las últimas caladas de mis cigarrillos y con ''palabras'' que me quedé con ganas de decir.
Voy a seguir creyendo que algún día me crucé con el amor de mi vida y no me di cuenta de que ya había apartado la mirada cuando yo le miré.
Voy a seguir creyendo en que las tardes de domingo son tan largas como las mañanas de los lunes, y que las películas de por la tarde no hay quien se las trague sin buena compañía.
Voy a seguir creyendo en que el alcohol sirve tanto para las heridas de fuera como las de dentro. ¡Y qué bien me sienta emborracharme!
Voy a seguir creyendo en mí. Y en ti. Bueno, alguna que otra vez dudaré.
Aún creo en la locura de tirarme por el precipicio de tu espalda. Algún día se me pasará el vértigo.