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martes, 5 de marzo de 2013

Amor, quería decirte que les dijeras que...

No sé cuántas veces habré empezado por tus pupilas y habré acabado en el cielo. Cuéntales cuántas veces fingimos ser los mejores en esto del amor y cuántas veces se lo creyó la gente. Cuéntale que otras muchas veces ni siquiera nos hacía falta fingir, porque éramos los mejores.

Diles que tus manos eran el verano que necesitaba el invierno de mi cama. Y que tus ojos hechos Venecia recompusieron mis ruinas como Roma. Diles todas las veces que nos hemos encontrado sin buscarnos. Y cuántas veces fuimos música cuando solo había ruido. Diles que yo habría matado las veces que hubiera hecho falta por seguir en el verano de tus manos y de tu espalda.

Después, hazles un recuento. De cuántas cosas le debo a tu sonrisa, y de todos los alquileres que no he pagado por vivir en tus costillas. Hazles un recuento de cuántos petas nos hemos fumado, y cuántas veces hemos flipado juntos sin ir fumados y de todas las veces que hemos parado el mundo con tres caladas. Hazles un recuento de las veces que el mundo ha girado alrededor de nosotros.

Ve, y les recuerdas todas las mañanas que me has tocado al timbre, cuando el mundo se caía a trozos y llovía, y me has dicho:

—¡BAJA!
—¿Qué? ¡Pero si está lloviendo!
—¿En serio te importa? No aguanto una puta gota más sin verte.

Y recuérdales cuántas veces no te he dejado acabar la frase y estábamos en menos de un segundo desafiando al mundo. Recuérdales cuántas veces hemos sido como niños decididos a joder al mundo. Recuérdales cuántas veces nos hemos ganado y qué pocas nos hemos perdido. 

Vuelve a decirles que nos queríamos como nadie y que nos creíamos invencibles.

Y, acuérdate, de ponerles en la posdata que nos equivocábamos y que nos han roto en diez mil pedazos.





No pasa nada. Yo me encargo de recordarles que nos echamos de menos. Y de que hay amores fugaces, pero inmortales.

viernes, 15 de febrero de 2013

Amnesia de ti.

Un día me enamoré de alguien. Ya no me acuerdo de cómo se llamaba. Ya no me acuerdo de su sonrisa. Ni de cómo se retorcía en la cama por las mañanas. Tampoco de cómo bailaba su canción preferida. Ni de cómo se sentaba a tocar la guitarra y a cantar su vida. Ni siquiera me acuerdo de cómo me miraba. Sólo me acuerdo de que me hacía poder volar, y eso no se me va a olvidar en la vida. Que me hacía tener alas, ese sentimiento de adrenalina de caer y volver a caer, pero nunca tocar al suelo. 

Y cuando estaba en lo más alto, de repente, me pegué la hostia de mi vida.

De repente, llega la amnesia. No queda otra, olvidar o vivir del recuerdo. Sobrevivir entre costuras rotas de sueños que había vivido.

He soñado tantas veces que te volvía a tener en mi cama, que ya no sé si cuando despierto estoy teniendo una pesadilla.

Pero sabes que ahí arriba solo se está una vez en la vida. Que solo existe 'mi mejor momento' una vez. Y estoy seguro que ya ha pasado. Que ya nos hemos olvidado. Que sólo nos quedan unos pocos déjà vu de nosotros.

Un déjà vu de tu sonrisa. Déjà vu de cuando bailabas y me pisabas los pies. De cuando tocabas la guitarra y de cuando me quedaba toda la puta noche mirando cómo dormías.

Ven a tocar la última canción, por favor. Aunque sea la canción de despedida. Pero vamos a ponerle punto y final a las historias que se quedaron con puntos suspensivos.

Ven a ponerme un punto y final a mis comas entre mis párrafos que hablaban de olvidarte y que no podía parar de escribir.

DÉJÀ VU DE ESTAR TAN ALTO QUE NO QUIERO VOLVER A BAJAR.



Así que, he decidido morir con ''nosotros''.

martes, 5 de febrero de 2013

El alquiler entre tus costillas.

Me rompen el corazón una vez más y, entonces, nadie puede volver a recomponerlo. Todo hecho pedazos. La del espejo ya no sé quién es. La del reflejo es una cabrona que aún se atreve a sonreír entre escombros, entre sentimientos hechos trizas.
No sé cuántas veces más me atreveré a escribirte, pero créeme que te digo que algún día dejaré de hacerlo. Dame unas caladas de eso, anda, que no quiero notar cómo mi mundo gira en torno al tuyo. Tus manos grandes, para que me protejas de los malos sueños. Y el rojo de tus ojos es mi color preferido. Y ya he perdido la cuenta de cuántas veces me he matado en la curva de tu sonrisa, o cuántas veces he intentado frenarme y el corazón no hacía más que acelerarse.He perdido la cuenta de cuántas veces me has hecho reír cuando debería llorar. Y he perdido la cuenta de cuántas veces has dado donde más dolía y yo solo pude ver tus ojos verdes achinados en el dolor.
Yo ya me he olvidado de bailar sin que me pisaras, sin que estuvieras tú enfrente. Ya me he olvidado de cómo fingir sonrisas. Ya no soy la misma, he cambiado. Nosotros hemos cambiado.
Si te vas, como dijo Romeo:<<Enséñame a olvidarme de pensar>>. Porque yo quiero vivir, y no aprender a sobrevivir, sin ti o con todas las mierdas que me depare el destino.
Vamos, quédate, he preparado café y música para dos.

domingo, 3 de febrero de 2013

Caleidoscopio de recuerdos.

Veo cómo viene hacia mí. Y es uno de esos momentos en que te vienen recuerdos a modo de flash: el cómo nos conocimos, su sonrisa, mi sonrisa, otra vez su sonrisa, sus putos ojos verdes, mis enredos en su pelo... Y llega a mi lado. Se sienta, con su típica postura y con sus gafas de sol. No sé, siempre que le miro sonrío, es puro instinto. Inclina la silla hacia atrás con el pie y también sonríe.
Nuestro silencio es mil veces mejor que cualquier palabra de otra persona. Cuando nos miramos, lo demás no importa. Es como estar leyendo poesía escrita con su piel. Y cuando hablamos, ¿eso? ¡Eso parece una puta canción de The Beatles! De esas que sobrepasan los límites de la música.
Así que cuando se levanta las gafas y me dice, mientras entrecierra un poco los ojos por el sol y sonríe:

Te quiero.

Yo, solo sé contestar:

Y yo.

Y, en realidad, me jode más decir <<y yo>> que quedarme callado. Porque <<y yo>> se me queda muy corto. ¡Joder! Es que es tan difícil de explicar con palabras...
Así que cojo sus gafas me las pongo y la imito en el gesto de levantárselas y decir:

Te quiero.

Entonces, me contesta:

Yo más. Mucho más.

E, inconscientemente, sé que tenía la respuesta y que ella la ha encontrado. La beso y luego dejo que pase el tiempo. Que le jodan a las manecillas del reloj, hay cosas mucho más poderosas.
Y, aunque sea nuestro principal enemigo, nosotros podemos contra mucho más que el tiempo.



domingo, 27 de enero de 2013

Como locos.

Hay veces que la vida te hace volverte loco, ¿no? A lo mejor es la única opción. Ser un loco de la vida.

Hay veces que la vida te pone cabeza abajo, te da de hostias y te pone trescientas mil piedras en el camino. 
Hay veces que no sabes ni cómo caminar sin volver a tropezarte. Tan solo te queda caer una y otra vez. Y otra vez. Y no sabes ya qué pie poner ni dónde pisar.

Hay veces que la vida te da una oportunidad, y es ese momento en el que tienes que ver el lado bueno de las cosas. Ese momento en el que, de repente, aparece una sonrisa que hace que tus ojos brillen de otra manera. Hay veces que se te olvida el pasado, el cómo has llegado hasta donde estás. Pero eso ya no importa...

<<El destino tiene permiso para romperte el corazón varias veces. Eso es innegociable.>>

Hay veces que el destino te pone a alguien, que también tropieza. Pero, ¿sabes? los tropiezos a medias saben mucho mejor que a solas. Hay veces que la locura es cordura, y en la vida mucho más. Hay veces que ser un niño te convierte en adulto. Hay veces, que el amor duele. Y hay otras tantas veces que por amar, duele hasta rabiar. Y hay otras veces que lo que antes era difícil se vuelve simple, y que la respuesta estaba meses enfrente de tus ojos. Hay veces que una sonrisa puede cambiar el mundo. Entonces, ¿por qué no sonreír?

En ese momento, ves que ella tiene la posibilidad de cambiar tu mundo. 

Hay veces, que el amor llama a tu puerta. Y, es entonces, cuando empieza la locura. Empiezas a quererle como un loco.

                                                       Silver Linings Playbook (El lado bueno de las cosas).

miércoles, 9 de enero de 2013

Al final, todos rotos.

Se sienta. Le tiemblan las piernas, las manos y, quizás, también el alma. Le tiembla el mundo. Coge folios, coge un bolígrafo e intenta empezar a escribir:

Papá, mamá...

Tira el papel. Intenta de nuevo.

—He intentado hacer todo lo posible...

Tampoco es una buena forma de empezar. Y, entonces, empieza a llorar. E intenta impedirlo mirando hacia arriba y mordiéndose el labio inferior, como en todas las situaciones difíciles que ha tenido en su vida. Después, se enjuaga las lágrimas con la manga de la camiseta y escribe. Escribe algo concreto, directo, pero sincero:

—Lo siento.

Sí. Definitivamente le gusta. Es una buena forma de empezar y de terminar una carta de suicidio. Después, ahí está, su vida colgando del bote de pastillas que tiene enfrente. Su vida dependiendo de ella misma. Ella tiene el manejo de acabar con su vida o de que siga. Pero no le gusta cómo sigue. Es un ahora o nunca. Un todo o nada. Es un 'o gana ella o ganan ellos'.

¿Y al final quién gana la partida?

¿Ella? ¿Esa que tiene marcadas las muñecas de putadas? ¿Esa que llora hasta dormirse del cansancio cada noche? ¿Esa que mira de reojo a la vida por habérsela jugado tantas veces?

¿Quién gana la partida?

¿Ellos? ¿Todos esos hijos de puta que han intentado hundirle tantas veces hasta verla en el suelo? ¿Todos esos que no le han dejado nunca encajar en una sociedad podrida?

Ella ha dado tanto por perdido que ha perdido hasta la sonrisa, que ha perdido la partida. Ella, que ha perdido la vida.

Después, todos rotos. Una familia desmembrada, unos amigos que no aguantan el no ver a aquella chica que sonreía de vez en cuando. Una habitación vacía en la que una madre hundida no puede ni entrar. No queda nada. Ya se ha ido para siempre.

Y quién diría. A lo mejor habría llegado lejos. A lo mejor habría sido una mujer a la que admirar. A lo mejor no se había fijado en que el chico de al lado le había sonreído aquella tarde. A lo mejor no se había fijado en que su madre solo quería protegerla y no joderle la vida. A lo mejor no se había fijado en todos esos pequeños detalles que le dan sentido a la vida. A lo mejor ella misma había sido caos, su propia autodestrucción. A lo mejor no había sabido ver esa pequeña luz en toda esa inmensa oscuridad.







Dedicatoria: Este texto va dedicado a todas aquellas personas (chicos y chicas) que han pensado alguna vez en acabar con su vida. No seáis tontos, no hay mejor regalo que poder respirar. A todos aquellos que piensan que su vida es una mierda, no os quedéis parados ni busquéis soluciones fáciles. Luchad. Luchad por lo que queréis y por cambiar el rumbo de vuestra vida si no os gusta el camino al que lleva. Todos hemos tenido momentos en los que nos flaquean las piernas, pero todo sigue. El mundo sigue girando. Así que pensad en que si no os gusta vuestro mundo, no acabéis con él, simplemente luchad por cambiarlo. Luchad, y ya no solo por vosotros mismos, sino por aquellos que os quieren y que matarían y morirían por vosotros. Y sí, siempre hay al menos una persona capaz de dar la vida por vosotros.

Gracias.

jueves, 3 de enero de 2013

Un propósito imposible.

Este año me he prometido olvidarte.

No sé ni siquiera cuántos cigarros me costará hacerlo. Ni cuántas copas de más. No sé cuántas veces tendré que pensar en ti y en tus mil formas distintas de sonreír.

Este año me he prometido olvidarte.

Olvidar tus maneras, tus ojos, tu letra al escribirme las cartas. Olvidar todo lo que me has dicho. Todo lo que nos dijimos. Olvidar tus promesas y tus manías (a las que estaba enganchado desde el primer día).¡

Este año me he prometido olvidarte.

Y yo soy un chico de palabra. Este es mi propósito para el año nuevo. Y creo que es suficiente. Creo que tengo suficiente con dejar atrás mi vida y empezar a escribir en otro libro en el que no aparezcas ni como personaje secundario. 
Te dije que eras mi heroína, y eso implica ser la protagonista y no la antagonista de esta historia sin final. 
Así que perdona si le pongo punto y final a esto y sustituyo tus puntos suspensivos. Pero es que nunca me gustaron las historias en las que no se sabe qué le pasará. Y yo necesito a alguien que me salve, que no me falte ni me falle. Alguien que sepa cómo encontrarme dónde yo mismo estoy perdido. Alguien que me mire y yo sepa que soy su preferido en el mundo.

Así que perdóname si te olvido.
Este año me he prometido olvidarte.
Este año me he prometido olvidarme.
Este año me he prometido olvidarnos.